Aproveché mi breve estancia en el imperio para ver La voz dormida. Es difícil decir que una película que te ha dejado 130 minutos sin pestañear no te ha gustado, pero esa es la realidad (como con las pringles, que comes un millón sin querer comértelas). Sólo el talento filmando de Zambrano hace que esta película no sea exactamente igual que cualquier melodrama horrendo de domingo a mediodía en cualquier canal de TV español.
Eso sí, lo que hace María León es asombroso.